Núm. 13 (2025)

Las sociedades actuales están atravesadas por profundas desigualdades que se manifiestan en el cuerpo, en el territorio y en los discursos que nos rodean. En esta edición, exploramos distintas formas en las que el poder y la vulnerabilidad se entrelazan en la experiencia de mujeres, migrantes, juventudes y ciudadanos que habitan espacios de disputa, ya sean físicos o simbólicos.
El primer eje de esta reflexión nos lleva a examinar cómo ser mujer sigue representando un factor de vulnerabilidad en diversos contextos. Desde la violencia estructural hasta la precarización laboral y la discriminación, las mujeres enfrentan barreras que limitan su acceso a derechos fundamentales. El acceso a la tierra es otro escenario donde se libra una lucha por la equidad. En muchos territorios, las mujeres han sido relegadas de la toma de decisiones sobre los bienes comunes, a pesar de ser actores clave en la producción y sostenibilidad de sus comunidades.
Las fronteras no solo dividen geografías, sino que también trazan líneas de exclusión, desigualdad y poder. México, históricamente un país de origen y tránsito migratorio, se ha convertido en un territorio de destino para miles de personas que, huyendo de la violencia, la pobreza o la falta de oportunidades en sus países de origen, buscan rehacer sus vidas en un entorno que, muchas veces, los recibe con precariedad y discriminación.